Cuando hablamos de Letras del tesoro o Bonos del Tesoro, bonos corporativos, pagarés bancarios... nos referimos a títulos de renta fija. Se trata de instrumentos financieros de deuda en los que se puede invertir, y que son de interés, especialmente, para inversores de perfil más conservador. Te explicamos cómo.

¿Qué es la renta fija y cómo funciona?

La renta fija es un instrumento que representa un préstamo que una entidad, pública o privada, recibe de los inversores. Con diferentes denominaciones (letras, bonos, obligaciones, pagarés, etc.), en todos los casos la entidad emisora se compromete a devolver, en la fecha de vencimiento, el capital invertido más unos intereses.

Lo más habitual es que los intereses en productos de renta fija sean conocidos desde la fecha de emisión, pero en ocasiones también es posible que los intereses sean variables y estén referenciados a un índice o un tipo de interés.

Tipos de renta fija

Los instrumentos de renta fija reciben diferentes denominaciones en función de quién es el emisor (público o privado) y sus características concretas. De este modo, entre la renta fija pública podemos encontrar letras, bonos y obligaciones, mientras que en renta fija privada lo más común son los bonos corporativos, los pagarés y las cédulas hipotecarias.

Renta fija pública

La renta fija pública es la emitida por una administración pública o Estado. Se clasifican, en función del plazo de vencimiento, en letras, bonos u obligaciones.

Las letras del Tesoro son valores de renta fija a corto plazo que emite el Tesoro público y que están representados exclusivamente mediante anotaciones en cuenta. Se emiten al descuento, es decir, dan derecho a cobrar una cantidad prefijada en una fecha acordada. La diferencia entre el precio de adquisición y el precio de reembolso es la rentabilidad que ofrecen.

Los bonos del Tesoro tienen un plazo de vencimiento de 2 a 5 años y pagan intereses periódicos (es lo que se conoce como cupón anual). Las obligaciones funcionan igual que los bonos, pero su vencimiento supera los cinco años (las hay de cinco, 10, 15 o 30 años).

Renta fija privada

La renta fija privada es la que emiten empresas privadas. Los bonos corporativos son el ejemplo clásico. Consisten en valores que representan una parte proporcional de un préstamo. La empresa emisora se compromete a devolver al tenedor del bono el capital que haya invertido más un interés pactado (que puede ser fijo o variable) en la fecha de vencimiento.

También son renta fija los pagarés de empresa, emitidos al descuento con un plazo de vencimiento normalmente inferior a un año. La rentabilidad del pagaré equivale a la diferencia entre el precio de adquisición y el valor nominal que se recibe en la fecha de amortización.

Las cédulas hipotecarias son otro instrumento de renta fija. En este caso son emitidas por entidades bancarias o sociedades de crédito hipotecario, y están respaldados por la cartera de préstamos hipotecarios de la entidad emisora.

¿Cómo invertir en renta fija?

En España, la mayoría de los valores de renta fija, tanto pública como privada, cotizan en AIAF (Asociación de Intermediarios de Activos Financieros), integrado en Bolsas y Mercados Españoles (BME) y sometido al control de la Comisión Nacional del Mercados de Valores (CNMV).

El primer paso para invertir en renta fija es seleccionar el bono o valor que deseas comprar. Puedes realizar la búsqueda y selección filtrando en función de diversos criterios:

  • ISIN: se trata de un código alfanumérico único que identifica cada bono.
  • Tipo de deuda: en función de si su emisor es una compañía privada o bien un Estado (deuda soberana).
  • Tiempo a vencimiento: podrás filtrar por fecha de vencimiento (momento de la devolución del nominal). Podrás buscar entre dos rangos: hasta cinco o superior a cinco años.
  • Divisa: moneda en la que haya sido emitido el bono. Es importante considerarlo a la hora de comprar, ya que existirá riesgo divisa en la inversión.

Una vez que hayas seleccionado el bono con el que deseas operar, deberás indicar el importe que quieres invertir. Para saber el importe exacto que debes desembolsar en la compra de un bono debes tener en cuenta tres variables fundamentales: nominal y cotización (precio ex-cupón o precio limpio) y cupón corrido.

  • El nominal (o importe mínimo para invertir) no es negociable y está predefinido de antemano. No podrás invertir un importe nominal inferior.
  • El precio ex-cupón es el precio al que cotiza el bono en un momento dado. Para un bono con un nominal de 10.000 euros y que cotiza a 101,1 en el momento actual, deberás realizar el siguiente cálculo para conocer el importe que tendrás que abonar por él: 101,1/100*10.000=10.110 euros.
  • También tendrás que considerar el cupón corrido, que es el interés devengado hasta una determinada fecha por un título de renta fija. Cuando compras un bono entre dos fechas de pago de cupones, también deberás pagar al vendedor el valor del cupón corrido en la fecha de la compra.

Al ejecutar una compra o venta de bonos verás reflejado el movimiento en tu cuenta de valores así como en la cuenta corriente asociada.

En cuanto al modo de invertir en letras, bonos y obligaciones del Tesoro, podrás adquirirlos directamente en la web del Tesoro Público o en las oficinas del Banco de España. También pueden comprarse en bancos, brokers y agencias de valores.

Por su parte, los pagarés se colocan mediante subastas competitivas (al igual que las letras del Tesoro), o a través de negociación directa entre el inversor y la entidad bancaria.

Diferencias entre renta fija y variable

Las principales diferencias entre la renta fija y la renta variable tienen que ver con la naturaleza de los instrumentos financieros que las componen y el diferente nivel de riesgo asociado.

Así, la renta fija corresponde a instrumentos financieros de deuda, tanto de instituciones públicas como de empresas privadas; mientras que la inversión en renta variable se basa, principalmente, en acciones, es decir, participaciones en el capital de empresas cotizadas.

La rentabilidad de la renta fija es más limitada, y no está sujeta a cambios en el mercado, por lo que el riesgo es mínimo. En cambio, la rentabilidad de los productos de renta variable no está garantizada y depende de la evolución de los mercados; por tanto, se considera una inversión de mayor riesgo.

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