Invertir en bolsa es el proceso mediante el cual se destina un capital a la compra de acciones de empresas cotizadas u otros instrumentos financieros con el objetivo de obtener una rentabilidad por ellos.

La rentabilidad puede proceder del reparto de dividendos de la empresa de la que se posean acciones, o bien vendiéndolas a un precio superior al de compra.

¿Quién puede invertir en bolsa?

En la bolsa pueden participar tanto ahorradores particulares como inversores profesionales o institucionales, pero, en todo caso, la inversión ha de hacerse recurriendo a un intermediario autorizado. Este intermediario o bróker será quien ejecute las órdenes de compra y venta de acciones que determine el cliente a través de su cuenta de valores.

¿Cómo funciona el mercado de valores?

El mercado o bolsa de valores es un mercado organizado, físico o virtual, que facilita la negociación de órdenes de compra o venta de acciones y otros activos de inversión.

Cuando un cliente quiere comprar o vender activos, ha de transmitirle su orden de manera precisa al bróker, indicando qué quiere comprar (o vender), a qué precio, en qué cantidad y en qué plazo, para que este la traslade al mercado y la ejecute.

Los tipos de órdenes más frecuentes son:

  • Órdenes de mercado: el inversor da la orden de comprar o vender acciones de manera inmediata al precio que estén cotizando en ese momento.
  • Órdenes limitadas: la orden de comprar o vender acciones solo se ejecuta a un precio indicado o mejor (si es de compra, a un precio igual o inferior; y, si es de venta, a uno igual o superior).
  • Orden por lo mejor: es un híbrido entre las anteriores. Se ordena comprar o vender al mejor precio que haya en ese momento y se comprarán las acciones disponibles a ese precio. Si no se pudiera ejecutar la orden por todos los títulos, se convierte en una orden limitada por el resto de los títulos con el primer precio de ejecución.

Estas operaciones de compra y venta de valores llevan aparejadas el cobro de comisiones.

Conceptos básicos de inversión en bolsa

Para empezar a invertir en bolsa hay una serie de conceptos básicos que es conveniente conocer sobre su funcionamiento.

Rendimiento

En primer lugar, el rendimiento. Es la ganancia total que se obtiene por la inversión realizada en un determinado periodo de tiempo. Puede derivar tanto del reparto de dividendos (beneficios) de la empresa cotizada entre sus accionistas, como de la venta de acciones a un precio superior al de compra. Lo que hay que tener en cuenta es que en bolsa el rendimiento no es conocido ni seguro.

Rentabilidad

Por su parte, la rentabilidad equivale al retorno obtenido por una inversión en relación con la cantidad de dinero invertida inicialmente. En este caso no se considera el reparto de dividendos, solo el aumento de valor de la inversión en el tiempo.

Riesgo

El riesgo es otro de los factores clave a la hora de invertir en bolsa. Es un término que hace referencia a la posibilidad de que la inversión inicial no alcance las expectativas de rentabilidad iniciales o, incluso, se produzcan pérdidas. Esta incertidumbre propia de las inversiones en bolsa puede deberse a diferentes tipos de riesgos.

Cartera de inversión

La cartera de inversión es el conjunto de instrumentos financieros (como acciones, bonos, fondos de inversión, divisas, derivados, etc.) en los que una persona o entidad ha invertido.

Diversificación

La diversificación es una práctica que consiste en repartir las inversiones en diferentes clases de activos, sectores y geografías con el objetivo de reducir el riesgo inherente a invertir en bolsa.

Qué tener en cuenta a la hora de invertir en bolsa

Invertir lleva consigo riesgo e incertidumbre. Sin embargo, hay ciertas claves que pueden hacer este viaje de invertir en bolsa más seguro y estable. Anota.

Planificación financiera

La inversión en bolsa debería enmarcarse en una estrategia de planificación financiera más amplia, que tenga en cuenta otros aspectos de tu economía doméstica, como el control de ingresos y gastos, la reducción del endeudamiento o la creación de un fondo de emergencia para imprevistos. De esta manera, podrías invertir en acciones aquel dinero que no vayas a necesitar de manera inmediata.

Conoce tu perfil inversor

Antes de tomar una decisión sobre en qué invertir tus ahorros, has de tener claro cuál es tu perfil como inversor. Es decir, qué riesgo estás dispuesto a asumir. ¿Aceptarías tener pérdidas en una inversión? ¿Incluso llegar a perder mucho dinero? ¿O prefieres ganar menos, pero tener tu capital invertido en un producto más seguro? El riesgo es un concepto vinculado al rendimiento: en general, a mayor riesgo, mayor rentabilidad, y, por el contrario, productos con menos riesgo ofrecerán rendimientos inferiores.

Empieza a invertir cuanto antes

Uno no es consciente del poder de la capitalización compuesta hasta que no se beneficia de ella. Se trata de no retirar los intereses que va generando puntualmente el capital invertido en acciones u otros activos, sino acumularlos al capital inicial, de forma que cada vez sea mayor la cantidad de dinero que está generando rendimientos. Cuanto antes empieces a invertir más tiempo tendrás por delante para aumentar tus ahorros y para recuperarte de posibles pérdidas que puedas afrontar por el camino.

Invertir poco a poco

¿Te acuerdas de aquello de estudiar todos los días un poco y no dejarlo todo para el final? Pues lo mismo, pero aplicado a las inversiones. Imagina que tienes 100 euros para invertir. Márcate un horizonte temporal de inversión (¿un año, por ejemplo?) y una frecuencia (¿trimestralmente?) y decide, por ejemplo, invertir el 25% cada 3 meses, con independencia de la evolución de la inversión. Si se ha revalorizado, comprarás más caro, cierto, pero estarás ganando dinero. Si ha caído, te dolerá, pero menos dado que podrás comprar más barato.

Diversificar

A todos nos gustaría acertar con el vehículo o producto que va a multiplicar su precio por tres en un año. E invertir todo nuestro patrimonio en él, para disfrutarlo. Pero este tipo de aciertos se dan en muy raras ocasiones y nos puede pasar todo lo contrario: que invirtamos todo nuestro dinero en un producto con mala evolución. Como no tenemos una bola de cristal que lo adivine todo, te puede ayudar una cartera diversificada. Es decir, invertir en varios tipos de activos, los más descorrelacionados posible, de distinta tipología y comportamiento. ¿Qué significa esto? Que la evolución de su precio pueda seguir caminos diferentes, así que, cuando uno sube, el otro tal vez baje, sí. Te puede parecer paradójico que queramos que un activo baje cuando el otro suba. Pero dale la vuelta: lo que se buscaría es que uno suba cuando otro baje y compensar el mal rendimiento de uno con la buena evolución del otro.

Apoyarte en un experto

Cuando tenemos un problema médico o jurídico, o cuando se nos avería el coche o el ordenador, acudimos a un profesional que, o bien nos ayuda o bien nos soluciona el problema. Lo mismo pasa con las inversiones. Hay entidades en las que trabajan expertos que cuentan con opiniones, criterio, experiencia y herramientas que nos pueden ser útiles. Atención, porque ellos tampoco saben lo que va a pasar con los mercados, pero tienen experiencia, trayectoria y conocimiento para buscar oportunidades de inversión a través de carteras diversificadas y con control exhaustivo de riesgo, generadoras de retornos, a largo plazo. En un asunto tan importante como la inversión de nuestros ahorros podrías valorar contar, al menos, con la opinión de un experto que te proporcione confianza y tranquilidad, esté al tanto de la evolución de los mercados, de forma que no tengas que perder el tiempo haciéndolo tú mismo.

Invertir a largo plazo

Los mercados financieros cuentan con una compañera de viaje muy regular, la volatilidad, y puede ayudar el asimilar su presencia. En algunos casos esta volatilidad es superior a lo que lo justifican los fundamentos (evolución de la economía, beneficios empresariales, etc.) que hay detrás. Los mercados son así, nadie es perfecto. A corto plazo (un mes, un trimestre e incluso un año) es muy difícil anticipar lo que van a hacer los mercados, en especial, los bursátiles. Pero cuando el plazo se alarga, hasta 3 años y, en especial, a partir de 5 años, el horizonte suele despejarse y no nos causa miopía. La no visibilidad y el ruido del camino desembocan en la normalización del mercado. A largo plazo la inversión suele generar rentabilidad. Y a más riesgo, mayor probabilidad de obtener retornos atractivos. Y pocos activos son más rentables a largo plazo que la renta variable (sobre todo, si está correctamente diversificada).

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