La bolsa atrae a inversores con distintos objetivos: quienes buscan obtener ganancias rápidas suelen elegir invertir a corto plazo, mientras que los que pretenden conseguir rendimientos estables suelen optar por la inversión a largo plazo. De esta última trataremos en este artículo.

¿Qué es invertir a largo plazo?

Se considera que una inversión es a largo plazo cuando se mantiene el capital invertido durante un período de varios años. En esta manera de invertir, las inversiones se van ampliando año tras año, aprovechando la fórmula del interés compuesto, con un objetivo de recibir una rentabilidad sostenida en el tiempo.

Quien opta por invertir a largo plazo suele tomar decisiones más meditadas y objetivas, y combina el mantener sus inversiones durante años con una diversificación de su cartera.

¿Qué se considera largo plazo en bolsa?

Aunque no hay un consenso unánime en lo que es largo plazo en bolsa, se suele calificar que una inversión es a largo plazo cuando se mantiene más de cinco años. Se da por hecho que la inversión a largo plazo reduce los riesgos y suele generar una rentabilidad media más estable, además de ofrecer otras ventajas como beneficios fiscales o un menor pago de comisiones.

Tipos de inversiones a largo plazo

Existen diferentes tipos de inversiones en bolsa aptas para la inversión a largo plazo, desde la renta fija (como los bonos) a activos de renta variable como acciones (en particular las de compañías que reparten dividendos periódicamente o las acciones de valor), fondos de inversión, fondos indexados o fondos ETF.

Características de las inversiones a largo plazo

Lo que caracteriza a las inversiones en bolsa a largo plazo es el horizonte temporal durante el que se mantienen, la flexibilidad a la hora de escoger en qué activos financieros depositar el capital y la estrategia de diversificación.

Horizonte de tiempo

El horizonte de tiempo de una inversión a largo plazo por lo general supera los cinco años. Se entiende que las posibles bajadas y subidas en el precio de los activos se van a compensar con el paso del tiempo: aunque en un momento determinado se produzca una caída en el precio de unas determinadas acciones, en otro momento posterior el precio volverá a subir. A esta compensación también ayuda seguir una estrategia de diversificación.

Diversificación

Precisamente la diversificación es la estrategia que permite que, aunque unas acciones ofrezcan pérdidas, otras estén dando ganancias al mismo tiempo. Diversificar implica no invertir todo el capital en un único tipo de productos financieros (lo que comúnmente se explica como “no poner todos los huevos en la misma cesta”). Tener una cartera diversificada (con diferentes niveles de riesgo y rentabilidad, productos de renta fija y variable, acciones de empresas de distintos sectores y geografías, etc.) es lo que ayuda a que, a la larga, la inversión sea positiva.

Autonomía y flexibilidad

Finalmente, la autonomía y la flexibilidad en la inversión a largo plazo se refiere a la capacidad y libertad del inversor de tomar sus propias decisiones y adaptarlas a las circunstancias de cada momento. Ello implica ser capaz de modificar la asignación de activos dentro de su cartera (disminuir o aumentar el porcentaje de renta fija o variable, por ejemplo), suprimir inversiones, añadir otras nuevas o incluso cambiar su estrategia de inversión.

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