La innovación y los últimos avances tecnológicos tienen en la agricultura uno de sus grandes campos de investigación, sobre todo a la hora de hacer frente a la alimentación de una población que ya ha superado los 8.000 millones de personas y que se espera que siga en aumento. Por eso, el futuro de la agricultura pasa por la sostenibilidad y, dentro de ella, los cultivos verticales se perfilan como una de las grandes opciones.

Su reducido espacio, la optimización de los recursos o la conservación medioambiental son algunos de los aspectos que han convertido a la agricultura vertical en una tendencia muy popular.

¿Qué son los cultivos verticales?

Los cultivos verticales son una forma de agricultura que se realiza en espacios verticales, a diferencia de la agricultura tradicional, que se realiza en el suelo. En este caso, las plantas se cultivan de forma apilada permitiendo un uso más eficiente del espacio y la luz.

Este tipo de cultivos son más populares en entornos urbanos, donde es más difícil conseguir un terreno en el que poder desarrollar actividades agrícolas. Debido a la infraestructura que se emplea para estos cultivos, suelen utilizarse para vegetales de menor tamaño y de rápido crecimiento, como fresas, tomates Cherry o hierbas aromáticas.

En la actualidad, existen edificios enteros dedicados a los cultivos verticales que funcionan como grandes invernaderos. Su invención se le atribuye al biólogo norteamericano Dickson Despommier, de la Universidad de Columbia (Nueva York), que acuñó el término “granja vertical” en 1999.

¿Cómo funcionan los cultivos verticales?

La gran diferencia entre los cultivos verticales y la agricultura tradicional es que los primeros se realizan de forma apilada y se valen del uso de tecnologías avanzadas para conseguir el crecimiento óptimos de las plantas y vegetales.

Para ello, se necesita una estructura vertical en forma de torres o estanterías en las que se cultivarán las plantas. La instalación puede ser interior o exterior, dependiendo de las condiciones y necesidades específicas de cada cultivo.

Otra de las grandes diferencias con la agricultura tradicional es que los cultivos verticales no utilizan la tierra como sustrato, es decir, se basan en sistemas de cultivo sin suelo. Los más habituales son:

  • Hidroponía: las plantas se sumergen o se rocían con una solución nutritiva que contiene todos los ingredientes necesarios para su crecimiento, minimizando de esta forma el gasto de agua. Con el objetivo de no hacer un gasto de luz artificial excesivo, las plantas suelen disponerse en dispositivos rotatorios.
  • Aeroponía: en este caso, las raíces de las plantas quedan suspendidas en el aire y se les aplica una pulverización de nutrientes de forma regular. De este modo, los vegetales reciben el oxígeno que necesitan para crecer de forma eficiente.
  • Agua de mar: las granjas conocidas como seawater vertical farms son el tipo de cultivo vertical más innovador. En este caso, en vez de agua potable, se utiliza agua de mar para impulsar el crecimiento de las plantas. Aunque se está probando en diferentes lugares, todavía no está muy extendido debido al alto gasto energético que necesita.

Separar los vegetales del suelo, que es su hábitat natural, supone un desafío técnico que se solventa de diferentes maneras. En general, cualquiera que sea la tipología de la granja vertical, en todas ellas se dan una serie de factores comunes para su funcionamiento:

  • Iluminación: lo más común es que los cultivos verticales se ubiquen en zonas interiores que no reciben la luz natural necesaria para que crezcan las plantas y vegetales. Por eso, este tipo de cultivos necesitan sistemas de iluminación artificial que favorezcan el ciclo de vida de las plantas.
  • Nutrición: los nutrientes se suministran directamente en las raíces de las plantas a través de soluciones pulverizadas y acuosas. De este modo, los cultivos verticales permiten un control muy preciso sobre la nutrición de cada planta.
  • Riego: uno de los grandes objetivos de los cultivos verticales es optimizar los recursos y el agua es uno de los más preciados. Por eso, el riego de este tipo de granjas está muy controlado ofreciendo a las plantas la cantidad de agua adecuada, pero sin desperdiciarla a través de sistemas automatizados e innovadores.
  • Control ambiental: sensores y sistemas de control para monitorizar factores como la temperatura, el oxígeno o la humedad son imprescindibles en este tipo de cultivos para favorecer el crecimiento de las plantas de forma correcta y eficiente.

Ventajas de la agricultura vertical

Son muchas las ventajas que presenta la agricultura vertical y que la están convirtiendo en una tendencia en auge en entornos urbanos y zonas con limitaciones de espacio. El ahorro de recursos, la reducción de pesticidas, el control ambiental, la producción local y, sobre todo, su sostenibilidad son algunos de los factores que convierten los cultivos verticales en una agricultura tan popular.

Optimización del espacio

La clave de los cultivos verticales es que se realizan de forma apilada, en vez de ocupar una extensión horizontal en el suelo. Por eso, una de sus principales ventajas es la optimización del espacio.

Al utilizar estanterías, torres o edificios, los cultivos verticales se elevan y eso permite aprovechar el espacio disponible al máximo, un factor decisivo para la popularidad de estos cultivos en zonas urbanas con alta densidad de población o en aquellas donde el coste del suelo alcanza valores muy elevados.

Además, los cultivos verticales permiten aprovechar zonas infrautilizadas como pueden ser edificios abandonados o naves industriales en desuso. La ubicación de este tipo de agricultura es mucho más flexible que el método tradicional y eso facilita la instalación de centros de producción vegetal en lugares que hasta ahora no eran aptos.

Otro de los rasgos positivos a la hora de optimizar el espacio es que se puede conseguir una mayor densidad de cultivo, esto es, producir más plantas en lugares más pequeños.

Ahorro de recursos

Otra de las grandes ventajas que presentan los cultivos verticales es el ahorro de recursos, especialmente energéticos, lo que deriva en una mayor sostenibilidad y respeto con el medio ambiente.

Esto es especialmente relevante en el caso del agua, uno de los recursos más preciados del ser humano y cuya falta afecta drásticamente a la vida en el planeta. Sistemas de riego como la hidroponía o la aeroponía emplean un riego muy preciso y eficiente que aporta la cantidad exacta que necesita cada planta, contribuyendo, de este modo, a minimizar el desperdicio de agua.

Lo mismo ocurre con el uso de pesticidas y fertilizantes. Los cultivos verticales se consideran agricultura de precisión, lo que significa que se aporta a las plantas la luz, el agua y los nutrientes necesarios para su correcto crecimiento, por lo que están muy controlados en todo momento. Esto reduce también la necesidad de utilizar medidas contra las plagas, como herbicidas.

Con la agricultura vertical se permite el cultivo en zonas urbanas, una producción más próxima al consumidor que contribuye también a rebajar la huella de carbono al reducir la cadena de suministro.

Incentiva el autoconsumo

La optimización del espacio o el ahorro de los recursos son dos factores que contribuyen de manera positiva a fomentar el autoconsumo. Si bien es necesario tener unos conocimientos técnicos para desarrollar cultivos verticales, la sostenibilidad que ofrecen puede animar la instalación de este tipo de agricultura por parte de aquellas personas con conciencia medioambiental.

Los costes de producción no son excesivamente elevados y, en cualquier caso, suponen un ahorro a largo plazo en la compra de alimentos frescos. Esto, sumado a un creciente estilo de vida saludable, hace que muchas personas apuesten por cultivar sus propios vegetales, teniendo así el control sobre la calidad de los alimentos y su trazabilidad.

Del mismo modo, en los lugares donde ya se han instalado los cultivos verticales, es habitual que estén impulsados por comunidades, que comparten los gastos y la producción.

Conservación medioambiental

Con todas estas ventajas, los cultivos verticales tienen un papel decisivo en el futuro de la agricultura. En un planeta superpoblado en el que empiezan a escasear los recursos y la amenaza del cambio climático es constante, este tipo de cultivos juegan un rol fundamental en la conservación medioambiental.

Al no necesitar un terreno propiamente dicho, la agricultura vertical no contribuye a la deforestación ni a la destrucción de ecosistemas naturales. Al mismo tiempo, el ahorro de recursos que favorecen estos cultivos de precisión ayuda a reducir la contaminación del agua y el suelo y a eliminar los agentes químicos que tradicionalmente se han venido utilizando en la agricultura.

La reducción de la huella de carbono o el mínimo consumo de agua son factores decisivos en la conservación ambiental y son también dos de los aspectos que más han aportado a la popularidad de los cultivos verticales.

Desventajas de los cultivos verticales

Aunque son muchas las ventajas que han convertido los cultivos verticales en una tendencia en auge, especialmente en zonas urbanas, también existen algunas desventajas que es necesario considerar, la mayoría derivadas de sus costes energéticos, de instalación y mantenimiento, conocimientos técnicos y dependencia tecnológica.

Costes energéticos

Los cultivos verticales se desarrollan, en gran medida, en espacios interiores y esto supone una serie de costes energéticos que hay que contemplar:

  • Iluminación artificial.
  • Climatización.
  • Sistemas de riego.
  • Sistemas de control.
  • Sistemas de mantenimiento de condiciones ambientales.

Es importante tener en cuenta que el uso de energías es fundamental para este tipo de cultivos, si bien la investigación avanza para tratar de reducirlo y que los recursos sean ambientalmente sostenibles y procedentes de energías renovables.

Dependencia tecnológica

Los cultivos verticales son una de las grandes innovaciones de la agricultura de los últimos años, lo que hace que presenten una dependencia tecnológica elevada. A diferencia de la agricultura tradicional, basada en el ciclo natural de la tierra y el calendario, la agricultura vertical depende de fuentes de alimentación artificiales que compensen su ubicación interior y su disposición en sistemas apilados.

Por eso, hay que tener en cuenta que estos cultivos se basan en un buen suministro eléctrico, un adecuado mecanismo de riego y sistemas de climatización y mantenimiento ambiental. Todas ellas son máquinas susceptibles de fallos que pueden estropear las cosechas. Por otra parte, la tecnología avanza a un ritmo muy rápido que puede hacer que las inversiones en maquinarias queden obsoletas en un periodo de tiempo relativamente corto.

Con todo, los cultivos verticales suponen una forma innovadora y sostenible de producir alimentos que se extiende con paso decidido.

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